TIEMPO,ORGANIZACIÓN Y REDES(I)

PORQUE QUE PREFIERO EL SISTEMA AUTOLIGADO AL CONVECIONAL. EL TIEMPO.

Prefiero el bracket autoligado al convencional. No por promesas biomecánicas, sino por tiempo. Por puro coste de oportunidad. No tengo tres enfermeras cambiando gomitas. Mi realidad es otra: trabajo solo y en cinco clínicas. Para mí, el tiempo tiene más relevancia que cualquier posible desventaja técnica. Es el factor que permite liberar espacio mental y trabajar mejor. Es lo que me ha funcionado mejor. Y eso se traduce en la obsesión por la excelencia: seguimiento fotográfico, atención a los pequeños detalles, artesanía.

Durante mucho tiempo critiqué el autoligado como una moda. Con el mismo espíritu con el que un aficionado de fútbol defiende a su equipo: de manera tribal, poca reflexiva. Hasta que entendí que contra eso existe un antídoto claro: el pensamiento crítico. Fue entonces cuando llegué al curso Damon, y ahí cambió mi forma de entender mi profesión.

ORTHOKIT. LA ORGANIZACIÓN.

Orthokit es un programa de gestión pensado para el ortodoncista moderno. Todo está ideado para que no haya fricción: diagnóstico, intervenciones mensuales, consentimientos y seguimiento fotográfico: todo al golpe de un clic.

Con el tiempo he llegado a creer que la ortodoncia no se construye solo desde la técnica ni desde acumular cursos. Hay otra pieza imprescindible para que todo encaje: la gestión. La clave del meollo es la simbiosis entre ambos engranajes. En mi experiencia, lo que suele fallar no es el conocimiento, sino la dinámica del sistema. El edificio se desmorona cuando no existen procesos, protocolos y hábitos que sostengan lo que sabes hacer.

Por eso he visto ortodoncistas brillantes quedar atrapados en el bucle del cambio de ligadura mensual, incapaces de ver más allá, de salir de un espacio clínico contaminado por la inercia del pasado.

REDUNDANCIA FRENTE A EFICIENCIA. LA RED

La idea del genio solitario es falsa. Los grandes de avances de la humanidad se construyen en redes donde fluyen las ideas. Ese es el atractivo del centro de las grandes ciudades. 

Siempre he pensado que una de las grandes erratas de estos tiempos es la preferencia de la eficiencia frente a la redundancia. El grosor de la nómina a final de mes por encima de la postal de Jesús en la cruz. Muchas de las cosas que fallan se resume a eso que la gente mayor tilda como «falta de valores».

Desde esa idea, y quizá desde una visión utópica pero alcanzable, creo que el trabajo del ortodoncista debería ser en equipo. Sabemos que la vigilancia mutua y el rendir cuentas a otro son mecanismos que nos envuelven en un espiral del buen hacer. La fragmentación de responsabilidades, el asentamiento del conocimiento o la creación de una red donde puedan circular las ideas son algunas de las ventajas de esta cosmovisión. Y, sin embargo, sigo como un lobo solitario, recementando brackets caídos, a la espera de que alguien aparezca.

“Muchas veces, es mejor dar un paso para atrás, para luego dar dos para adelante”

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