RUIDO (II)

… en el último post desacreditábamos la idea del genio y hablábamos de la importancia de tener un sistema. Esta semana … toca el ruido.

El RUIDO: PENSAMIENTO RACIONAL

El ruido, a diferencia de los sesgos, no es un error sistemático hacia el mismo “lado”; el error es fundamentalmente aleatorio. Si tuviéramos una diana, y el centro de la diana representara el acierto (la verdad), los sesgos producirán un patrón reconocible de fallo, siempre errando hacía un mismo punto. El ruido, en cambio, distribuiría las flechas por toda la diana. De hecho, si cogiéramos a 100 ortodoncistas con la misma formación y experiencia, y les pidiéramos que hicieran un diagnóstico de un caso clínico, siempre habría diferencias en sus juicios. Quizás 80 coincidirían, otros 20 no.

El ruido es la consecuencia de miles de factores, a menudo desconocidos, que influyen en las decisiones que tomamos cada día. ¿De qué factores estamos hablando? Del tiempo, tu estado de ánimo, tu apetito, de la hora del día, de lo que ha dicho la persona con la que acabas de hablar, de las horas que has dormido y un sinfín de pequeños detalles más, casi siempre invisibles para nosotros.

Existen herramientas para vacunarse contra el ruido: los pilotos de avión usan checklists para tomar decisiones (por eso, si queremos ser mejores ortodoncistas, indudablemente, deberíamos tener usa una checklist , por ejemplo, para la cita de recementado de brackets). Otra herramienta, útil para evitar el ruido es hacer revisiones espaciadas ( por ejemplo a la hora de aprobar un clincheck).

ANTINATURALIDAD: EL ARTE DE PULIR ATACHES

La micro-negligencia que no se debe tolerar: la pereza a no re cementar, dejar los segundos molares desalineados o esa extraña manía de aprobar al primer toque un clincheck. Todo esto me ha pasado. Sabes que nadie se va a dar cuenta y tú te auto engañas diciéndote que será la última vez.  Al final, los errores se acumulan y el resultado del caso no es aceptable. Pero da igual, las fotos finales mueren en el ataúd y nunca serán compartidas en Instagram. Al menos, el paciente se va feliz de la clínica por se ve los dientes alineados. Pero, lo peor, es que tú por dentro sabes que le has fallado a Dios.

Por eso, intento, desde hace poco, implementar hábitos saludables: cementar los segundos molares en la primera cita, hacer las fotos laterales con espejo y un largo etcétera. Jugar a ser anti yo en toda regla. Un ejemplo ilustrativo, es que, después de colocar los ataches, saco las lupas y pulo los jodidos ataches. Algo impensable hace unos meses, donde los pegotes de composite se quedaban alrededor del diente. La obsesión del trabajo del artesano y el «slow movement».

Por eso a veces, con el viento en contra, hago justo lo contrario de lo que me pide el cuerpo. Porque pulir los ataches puede significar: no remar a la inercia de una clínica mal gestionada (que se gasta una fortuna en marketing, pero que sigue fallando en lo primordial), no acudir a la clase de gimnasio a la que te gustaría ir o postponer la dopamina del móvil. Pero todo tiene un precio.

Aunque lo confieso que a veces la sigo cagando estrepitosamente.

“Las grandes mentes son capaces de defender ideas contradictorias entre sí”

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